5 de Mayo de 2017

¿Debes ser siempre sincera en el trabajo?

En el entorno de trabajo, donde muchas de las energías están dirigidas a la comunicación interpersonal entre todos los individuos que conviven en una oficina, no es tarea fácil la relación con compañeros que no siempre están dispuestos a arriesgar lo mismo que tú. No es fácil cuando tú eres la secretaria personal del “jefe” y los demás te ven más cercana a los lugares reservados para los mandos, que como compañera de equipo; no es nada fácil atreverse con sinceridad a confrontar situaciones difíciles, o más cotidianamente a tener que expresar tu opinión sobre un tema o un proyecto.

Nadie duda de que la sinceridad es una virtud y una cualidad humana, que expresada de forma clara y valiente, conlleva, en ocasiones, situaciones poco agradables, como crearnos alguna enemistad en el entorno laboral, asumir compromisos que en realidad no queríamos realizar (en este caso por falta de sinceridad), etc.

Por otro lado también hay personas para las cuales la sinceridad es su modo de establecer relaciones con los demás. Son aquellos que parecen ser inmunes a todas las consecuencias que acarrea dar tu opinión de forma sincera y clara, su franqueza en muchas ocasiones puede llegar a provocar envidia y no pocos recelos.

Sin embargo, como responsables de mantener un buen clima laboral en la oficina, no podemos hacer de la sinceridad la base de todas nuestras relaciones interpersonales en el trabajo, porque las consecuencias también pueden acarrear peligros e incluso situaciones de riesgo emocional.

Por eso es muy importante que, antes de tomar una decisión sobre si actuar con absoluta sinceridad o no, debamos plantearnos dos cuestiones fundamentales:

  • Por un lado, preguntarnos: ¿hasta qué punto está mi interlocutor en condiciones de escuchar mi opinión más sincera?
  • Por otro lado: ¿qué utilidad o provecho podrá sacar esta persona si mi opinión es totalmente sincera?

Esto es porque cuando nos encontramos en momentos de presión, en los que nos vemos envueltos en una situación que no hemos provocado, pero cuya resolución parece pasar por que expresemos nuestra más sincera opinión, no nos encontramos en posición de ver la situación desde una perspectiva suficientemente serena o creativa.

Por eso es imprescindible que cuando te encuentres en situaciones de esta envergadura seas capaz de dar tu punto de vista sincero y valiente, pero, quizás lo más importante será el cómo lo transmitas, es decir, ten la sensibilidad y el cuidado suficientes para entender las necesidades de quien te está pidiendo la opinión, no me refiero a que le digas sólo aquello que el otro “quiere oír”, sino a que tengas presente que mostrar la sinceridad de una forma fría y desnuda, no siempre va a ser de ayuda para quien está solicitando tu opinión. Sé empática/o y decide si el otro se encuentra en las condiciones óptimas para comprender tu punto de vista y asumirlo.

Ante este tipo de situaciones lo mejor es decidir si tu objetivo en ese momento es ser confrontativa (piensa en situaciones en que dar tu punto de vista discordante sobre un proyecto puede beneficiar sustancialmente a su desarrollo) o tu objetivo es ayudar a tu interlocutor, en cuyo caso debes tener la habilidad de maniobrar con tu opinión sin sentir que estás faltando a tu honestidad.

Me refiero a que en ocasiones es mejor no exponer toda la verdad de golpe, sino tenerla almacenada para ir ofreciéndosela a nuestro interlocutor en la medida en que veamos que es capaz de comprender todos los matices de nuestra opinión.

Decir todo lo que pensamos, necesita ir acompañado de grandes dosis de empatía con la situación de quien nos está solicitando la opinión.

Isabel Montero
Experta en comunicación y habilidades interpersonales

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