3 de Febrero de 2010

¿Alguna vez te han gritado en el trabajo?

¿Alguna vez tu jefe ha perdido los estribos y te ha gritado? Aunque algunos se sorprendan, lamentablemente estas actitudes son más habituales de lo que se imaginan.

 

Los gritos amenazantes “constituyen una intimidación verbal no física ni violenta, sino sutil e incluso “educada”, pero psicológicamente efectiva. Cuando un jefe grita, pretende mostrar su poder y autoridad, a la vez que hacer perder al subordinado la confianza y seguridad en sí mismo. Fruto de esta pérdida de control, empiezas a mostrarte temeroso, nervioso y lo reflejas en tu tono de voz, ahogado y tembloroso y en tu rostro, acalorado y de frustración absoluta. Es una situación difícil, especialmente para el agredido que se siente indefenso, desnudo, sin energía, exhausto, sólo,… pero que, en ningún caso, debes permitir”.

“La mejor respuesta a esta forma de intimidación tan poco valiente es actuar justamente de la manera opuesta, es decir, con calma, confianza y con respuestas proporcionadas al tipo de intimidación que practica el intimidador”.

 

La nota completa fue publicada en la revista del CPS del mes de Diciembre.

 

Autora:

Amparo Rey

Consultora en Comunicación y Protocolo

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