16 de Junio de 2021

CÓMO NOS PUEDE AYUDAR EL DESARROLLO DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL

Atrás quedan esos días en los que a la gente se la clasificaba a través del coeficiente intelectual para determinar si eran más o menos inteligentes. Según el psicólogo norteamericano Daniel Goleman “el más listo puede ser el más tonto, y el más tonto acabar siendo el más listo”.

Controlar las emociones implica comprender qué hay tras un determinado sentimiento, aprender a manejarlo

Cuando existe un conflicto  se debe buscar conjuntamente las posibles soluciones.

 Tener un elevado coeficiente de inteligencia no significa otra cosa que tener habilidades lingüísticas y matemáticas y esto, como se pensaba, no predice el camino que seguirá una persona una vez concluida su educación. Todo depende de la inteligencia emocional: la capacidad de poner de acuerdo cabeza y corazón, ya que decisiones como qué estudiar, continuar o no con el trabajo, dónde vivir o casarse, son determinaciones que no se pueden tomar sólo con la razón porque entra en juego la experiencia emocional acumulada en el pasado y la lógica formal no sirve para decidir las cuestiones que implican a los sentimientos.

La inteligencia emocional se fundamenta básicamente en los siguientes puntos: toma de conciencia de uno mismo, control de las emociones, empatía, cooperación y capacidad para solucionar conflictos.

 TOMA DE CONCIENCIA DE UNO MISMO

Existen tres tipos de personas que, según Mayer, atienden a los diferentes estilos de autonomía:

-Las atrapadas en sus emociones: son aquellas personas que se desbordan con sus emociones y no pueden salir de ellas.

-Las que aceptan resignadas sus emociones: suelen percibir lo que sienten, tienden a aceptarlo con pasividad y no tratan de variarlo.  Unas con un estado de ánimo positivo y otras con un estado de ánimo negativo, con una actitud de laisser-faire.

-Las conscientes de sí mismas: conocen sus estados de ánimo mientras los experimentan, tienen una vida emocional desarrollada.

¿En que tipología te podrías situar?  Sea cual sea tu tendencia tipológica, lo más importante sería reconocer los propios sentimientos, elaborar un vocabulario propio para poder diferenciar así unas emociones de otras, conocer la relación que existe entre pensamientos, sentimientos y reacciones, en definitiva, reconocerse a uno mismo de forma realista y positiva y detectar los puntos fuertes y débiles. Todo esto es poner en práctica un elemento esencial de la inteligencia emocional: ser consciente de los propios sentimientos.

CONTROL DE LAS EMOCIONES

Se puede decir que el primer impulso procede del corazón y no de la cabeza.

La mente emocional es más rápida que la mente racional. Capta las cosas de una vez, como un todo, no se detiene a considerar lo que está haciendo. Reaccionando sin llevar a cabo un análisis, deja de lado la evaluación cuidadosa de cada detalle. Gracias a ella se puede captar una realidad emocional en un instante pero las impresiones o juicios intuitivos hechos con rapidez pueden estar desencaminados y ser equivocados.

A través del autocontrol se contiene el exceso emocional, es decir, se deja de ser “esclavo de las pasiones” y se aprende a mantener el equilibrio de los altibajos de la vida. No se trata de una represión emocional, ni de evitar sentimientos que nos angustian, sino que éstos no nos pasen inadvertidos ya que, si es así, puede llegar el momento de que desplacen los estados de ánimo positivos.

Por eso, controlar las emociones implica comprender qué hay tras un determinado sentimiento, aprender a manejarlo, asumir la responsabilidad de nuestras decisiones y acciones y tomar soluciones con un compromiso.

Canalizar las emociones hacia un fin más productivo constituye una actitud maestra ya que supone: controlar los impulsos, demorar la gratificación, regular los estados de ánimo para facilitarnos el pensamiento, motivarnos y hacer frente a los contratiempos actuando de forma eficaz para demostrar el gran poder que tienen las emociones para guiar más eficazmente los esfuerzos.

LA EMPATÍA

Desde la más pequeña infancia, las emociones deben haber sido captadas, aceptadas y correspondidas con empatía; se debe haber producido la sintonización, es decir, transmitir a la otra persona la sensación de que sabemos cómo se siente. Si no es así, el niño no desarrollará la sensación de que los demás pueden y quieren compartir sus sentimientos, en definitiva, no sabrá cómo empatizar ya que no habrá tenido modelos que imitar.

La empatía se debe construir a partir de la conciencia de uno mismo, puesto que cuanto más abiertos estemos a nuestras propias emociones mayor será la destreza a la comprensión de los sentimientos de los demás. Esto implica asumir los diferentes puntos de vista y respetar las discrepancias que existan en el modo de experimentar los sentimientos.

COOPERACIÓN GRUPAL

La cooperación grupal es la capacidad de armonizar las propias necesidades con la de los demás en las actividades conjuntas. Esto significa que la persona debe ser capaz de expresar las quejas a través de críticas positivas, de crear un clima que valore la diversidad sin que sea una fuente de conflictos y de establecer redes de comunicación eficaces. Es importante tener en cuenta las habilidades de la inteligencia emocional que fomentan la armonía grupal porque según Peter Drucker (experto del mundo empresarial) “la unidad de trabajo no será el individuo sino el equipo y poseer éstas habilidades “.

SOLUCIÓN DE CONFLICTOS

Normalmente durante cualquier tipo de conflicto las capacidades de escucha, de raciocinio y de habla clara se ven disminuidas o al menos alteradas, por eso, es muy importante tranquilizarse para poder progresar en la resolución del problema y no dejarse secuestrar por las emociones.

Cuando existe un conflicto el abordaje no tiene que ser ambiguo ni tampoco se debe tratar de atribuir las “culpas” a una persona, sino que se debe buscar conjuntamente las posibles soluciones. Es necesario que en estos momentos se pongan en marcha dos de las características más importantes de la inteligencia emocional: autocontrol y empatía.

Hoy no basta con un alto coeficiente intelectual para triunfar profesionalmente, para competir o para desarrollar una empresa; se requiere un control emocional adecuado, que nos permita tener una interacción armónica en nuestro ambiente laboral y familiar.

La inteligencia emocional es el instrumento que nos podrá ayudar a afrontar situaciones como por ejemplo relaciones desagradables con los compañeros de trabajo, finalizar un trato con un cliente particularmente difícil, o afrontar de forma definitiva y tranquila las difíciles situaciones familiares.

En definitiva y según las palabras de Dr. Daniel Goleman “las personas con habilidades emocionales bien desarrolladas tienen más probabilidades de sentirse satisfechas y ser eficaces en su vida, y de dominar los hábitos mentales que favorezcan su propia productividad; las personas que no pueden poner cierto orden en su vida emocional libran batallas interiores que sabotean su capacidad de concentrarse en el trabajo y pensar con claridad”.

 

Mª Elena Álvarez Girón

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