28 de Junio de 2017

Decidir un cambio de empleo

“La incertidumbre es un espacio en el que te encuentras contigo mismo”
Lotfi El-Gandouri
¿Te atreves? 2009

Por nuestra experiencia en selección veo constantemente secretarias que a la hora de plantearse un cambio laboral se ven sobrepasadas por las dudas, hasta el punto que, en no pocas ocasiones, el miedo a cambiar les impide postular a un puesto que a priori, resulta mejor que el actual. En otras ocasiones, las dudas no impiden del cambio, pero jalonan el proceso de indecisiones y variaciones de postura constantes, que pueden provocar que como seleccionadores nos acabemos cuestionando la idoneidad de la candidatura de esta persona.

Reflexionando sobre por qué se producen estas situaciones, he llegado a la conclusión de que parte de estas dudas podrían disiparse si las secretarias tomaran las riendas de sus carreras profesionales.

Pararse en un momento dado a analizar dónde estamos y hacia dónde queremos ir es fundamental para tener el control de cómo evoluciona nuestra empleabilidad y nuestro currículo. Pensemos en un actor: una de las afirmaciones que acompañan a quien es considerado un buen actor es que ha sabido elegir cuidadosamente sus películas; es decir,  ha sabido elegir papeles, directores, etc. y eso ha determinado que su carrera sea considerada o no como una carrera de éxito. ¿Por qué una secretaria no puede hacer lo mismo? Desde mi punto de vista no es que pueda, es que DEBE hacerlo.

No dejar que el azar dirija nuestra carrera profesional puede parecer lógico, pero la mayoría de Secretarias, estoy segura, no cuenta con un Plan de carrera que haya planificado personalmente y tomando conciencia de cuáles son sus objetivos, personales y profesionales.

Si ante una posibilidad de cambiar de trabajo, tuviéramos previamente definido cuál es nuestro plan de carrera, no sería mucho más sencillo tomar la decisión de si la oferta de empleo encaja o no en este plan, y por tanto, nos encaja a nosotros como profesionales. No me refiero a un cambio de carrera profesional, sino de desarrollar la que hemos elegido, aunque también sería aplicable a un cambio de profesión.

Para ello es fundamental un profundo conocimiento de nosotros mismos y de hacia dónde queremos ir. ¿Por qué no hacer un DAFO de cada uno de nosotros?

También considero que hay que tener claros cuáles son los objetivos profesionales. A partir de nuestras experiencias previas, de nuestros anteriores empleos, podemos ver lo que queremos en nuestro futuro y lo que no. Pongámoslo por escrito, y esto no es una indicación baladí, es un paso más para comprometernos con ellos y fijarlos en nuestro subconsciente.

También las circunstancias personales actuales van a ser determinantes. El punto de partida no es igual para una candidata junior que para una más senior, como tampoco pueden ser iguales los objetivos a conseguir/que perseguir a medio plazo. Reflexionar sobre ello nos ayuda a plantearnos cómo realizar los siguientes pasos y qué puede entrar a reforzarlos y qué puede alejarnos de su consecución.

 

¿Cómo decidir si una oferta me conviene o no?

Las variables que podemos valorar para saber si un cambio nos interesa o no serían horarios, sueldo, el proyecto, el tipo de empresa, el entorno o el ambiente laboral, las posibilidades de desarrollo y promoción, el equipo de trabajo, etc.

Hay una serie de objetivos profesionales y personales que podríamos calificar de esenciales y que deben ser cubiertos por la oferta. Me refiero a aquellos básicos irrenunciables para nosotros: un sueldo bruto mínimo podría ser uno de ellos, una jornada con horario determinado podría ser otro. Dependerá de los casos y de la situación de cada persona que es candidata a un puesto, por ello es muy importante que cada una elabore su lista de básicos, tanto personales como profesionales. Estas serán las líneas rojas a las que no queremos renunciar, y una vez las tengamos claras podremos ver también muy claramente si la oferta a la que postulamos las cumple o no. Tomar la decisión de aceptar o no el empleo parece entonces más fácil ¿no?

Luego hay otra serie de objetivos que son los deseables, también en ambas esferas, personal y profesional. Por ejemplo, tener horario flexible, poder trabajar desde casa, optar por una multinacional en lugar de una pyme, contar con posibilidad de formación, etc. podrían ser  algunos de los valorables. De esta forma, si los esenciales se cumplen en la oferta y además contiene alguno o algunos de los deseables, la decisión parece aun más clara.

Para cada persona pueden ser distintos unos y otros, lo fundamental es que cada uno de nosotros lo tengamos claro. Por ello os propongo que dediquéis un tiempo a reflexionarlo, razonarlo y ponerlo por escrito. Ello nos ayuda a no tomar decisiones precipitadas y poder valorar correctamente los pros y los contras de un cambio.

Susana Fernández
Topsecretaria

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