19 de Noviembre de 2015

Decir sí cuando queremos decir no. ¿Aplicamos la asertividad?

Seguramente seas una secretaria excelente, y goces del reconocimiento y respeto de todo el departamento o de muchos altos cargo de tu compañía, sin embargo sería bueno que te plantearas si en algún momento para conseguir este reconocimiento a tu profesionalidad, has sido víctima del síndrome de “no puedo decir que no”, ya que cuanto mejor es tu trabajo y tu actitud comunicativa, más grandes son las posibilidades de que te hayas sentido en algún momento diciendo sí cuando en realidad querías decir que no. Esto ocurre cuando estás tan deseosa de mostrar tu capacidad profesional que cada vez asumes más y mayores responsabilidades u obligaciones, sabiendo que muchas de ellas no te corresponden.

En los siguientes ejemplos podrás ver si alguna de las situaciones te resuena familiar; por ejemplo, cuando tu jefe te pide que realices el trabajo de otra persona, porque quiere que este proyecto esté perfecto y sin fallos, o bien tu jefe te encarga una tarea que no es de tu competencia, porque considera que tú eres la más responsable, o bien tu jefe te pide, con demasiada frecuencia, que te quedes unas horas más en la oficina cuando tú sabes que en estos momentos no es realmente necesario. Este tipo de peticiones, que se plantean como “un favor” no dejan de ser trabajo extra, y frente a los cuales muchas veces nos vemos incapaces de decir que no.

Ahora bien, es importante que te plantees si ejecutar este tipo de trabajos extra te está favoreciendo para conseguir tus objetivos y aspiraciones profesionales más rápidamente, o si por el contrario estos trabajos que realizas son el resultado de sentirte incapaz de dar una negativa por respuesta.

Si tu caso es la segunda opción, debes saber que tienes todo el derecho a ejercer tu asertividad, lo cual significa saber definir y defender tus derechos y opiniones respetando las de los otros. Tener objetivos claros, tomar la responsabilidad sobre las consecuencias de tus propias actuaciones y expresarte con claridad y coherencia, sin agresividad ni lamentaciones. A todo ello tienes derecho, y para facilitarte su ejercicio, he aquí una serie de técnicas que te ayudarán a empezar:

Primero decide tu postura, céntrate muy claramente en decir sí o no, si la decisión que has tomado es decir no, empieza tu respuesta con un no, por ejemplo: “no lo haré”, “he decidido que no”, de tal manera que no termines diciendo que quizás y después sí.

Sé breve, puede que te sientas abrumada si has decidido contestar que no, sin embargo no debes disculparte por dar una negativa, las justificaciones indebidas y las disculpas innecesarias contaminan el proceso de comunicación asertiva. Por ese motivo debes ser educada cuando te niegues, si te disculpas das la impresión de que no tienes razón, además de dejar abierta la posibilidad de que te lo vuelvan a pedir en un futuro.

Si quieres ofrecer una alternativa, asegúrate de que no acabarás interviniendo tú de alguna manera.

Saber decir no es tan importante como tener la capacidad de hacerlo y sentirlo, por eso antes de tomar una decisión te ayudará plantearte las siguientes preguntas:

  • ¿Al decir sí tengo la sensación de que se aprovechan de mí?
  • ¿Decir que sí tendrá una recompensa dentro de la empresa?
  • ¿Decir que no pone en peligro mi puesto de trabajo?.

Las razones que tengas para decir sí a todo y a todos pueden ser sencillas o complicadas, sin embargo, sea cual sea la razón que tengas, has de tener presente la posibilidad de decir no; y esto se puede llegar a aprender sin parecer grosera ni agresiva y sin dañar la relación profesional o tu carrera profesional.

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