7 de Septiembre de 2015

¿Eficiente o perfeccionista?

Ser dueña de las propias responsabilidades, es una gran cualidad que todos deberíamos cuidar y potenciar, es decir, hacer bien las cosas es una gran virtud, transformar ese deseo en una obsesión es negativo.

La organización, la responsabilidad ante el trabajo y en las relaciones interpersonales, la reflexión y la moderación, forman parte del éxito profesional de la secretaria; el problema surge cuando el hacer las cosas bien deja de ser un acto de la voluntad para convertirse en una tarea ineludible, porque ser excesivamente perfeccionistas nos niega el permiso y el derecho a ser imperfectos a veces. Quien pretende ser perfecta se está proponiendo algo que, por definición, es imposible para el ser humano: Es mucho mejor aceptar que cometemos errores de los cuales nos preocupamos y de los cuales siempre podemos aprender alguna cosa nueva y fructífera.

La trampa del perfeccionismo excesivo y compulsivo se caracteriza por el deseo de tenerlo todo bajo control, por ejemplo, controlando uno mismo todas las expresiones emotivas y convirtiendo cualquier interrelación en comportamientos exclusivamente reflexivos. Otro ejemplo es el exceso de control sobre los demás, en el sentido de que se produce un claro esfuerzo por quedar por encima de las críticas de los demás o por encima de cualquier criterio distinto al propio. Otro ejemplo del perfeccionismo excesivo lo encontramos en el control sobre las cosas, por ejemplo con hábitos de un orden minucioso e incorruptible, o en costumbres repetitivas.

Es evidente que detrás del deseo de control se esconde una idea preconcebida de “todo o nada” que es como una zona de seguridad mental, porque la persona excesivamente perfeccionista imagina y se prepara para lo peor, pero el precio que paga por ello es que multitud de cosas contra las que toma prevención terminan por no suceder, además alejan a esta persona del “aquí y ahora”, que es la herramienta más eficiente para disfrutar de la vida.

Existe una gran diferencia entre el perfil de una persona eficiente y el de una persona excesivamente perfeccionista. La persona eficiente tiende al orden, la prevención y las normas, mientras que la persona perfeccionista tiende a la rigidez, el bloqueo y la rutina como seguridad.

¿Cómo se puede modificar una actitud excesivamente perfeccionista?

En primer lugar, viviendo el momento presente y sumergirnos en el aquí y ahora disfrutándolo; el pasado no vuelve, el futuro es imprevisible, nos queda saborear el presente.

En segundo lugar, haciendo las cosas, aunque nos equivoquemos, porque por ahora los errores son una buena fuente que tenemos para aprender, más vale un “me equivoqué” que un “¿por qué no lo hice?

En tercer lugar, darnos el permiso para ser emotivos, porque para no romperse es necesario saber doblarse. Si nos preocupamos menos por mantener el control y las apariencias nos convertiremos en personas inaccesibles e inflexibles ante las circunstancias.

En cuarto lugar, reconocernos como personas vulnerables nos convierte en accesibles y en personas que necesitamos de los demás.

En quinto lugar disfrutar de todas las experiencias vividas, aprendiendo lo positivo y negativo de cada una de ellas.

Al dejar ver nuestros fallos nos mostramos como vulnerables, pero también como auténticos, consiguiendo que las personas que nos rodean vean nuestra verdadera identidad y puedan conectar con ella.

¡Para participar es necesario registrarse!
¿No estás registrad@?