6 de Julio de 2016

El lenguaje de los gestos

Si estabas pensando en que tienes un gran don de gentes y un desparpajo como nadie, no te confíes porque el 90% de tu comunicación es corporal así que debes prestarle cierta atención para que lo que dices y gesticulas estén al unísono.

El lenguaje corporal, que es todo lo que transmitimos por medio de movimientos o gestos, delata completamente nuestros sentimientos o la percepción que tenemos de la otra persona (interlocutor).
Cuando conversamos con un cliente, jefe o compañeros, reflejamos y enviamos miles de señales y mensajes a través de nuestro comportamiento. Por este motivo, es interesante que en nuestra vida laboral y personal prestemos atención a estos signos, ya que les podremos sacar un gran provecho personal.

El 90% de nuestra comunicación es no verbal y, por tanto, nuestra postura y forma de hacer son elementos importantes de comunicación.

Es imposible no comunicar. De forma continua, estamos emitiendo conductas que provocan en otros el efecto de un mensaje, de una comunicación. Incluso en aquellas ocasiones en que no queremos decir nada, no queremos comunicar nada, ya estamos transmitiendo a nuestro interlocutor lo que sentimos sin expresarlo.

La comunicación no verbal sería el “cómo se dice”: gestos, expresiones faciales, movimientos corporales, el espacio que nos separa del otro. Comunicamos a través de la forma en que vestimos, en cómo nos mostramos, en cómo nos sentamos, si miramos o no a la cara, si hablamos deprisa o despacio, etc. Todo ello son signos que permiten a la persona que nos escucha hacerse una idea de quienes y cómo somos, si es suficientemente observador y perspicaz.

Las características principales de la comunicación no verbal o gestual serían:

  1. Con frecuencia, los mensajes no verbales tienen más significado que los mensajes verbales.
  2. En cualquier situación comunicativa, la comunicación no verbal es inevitable.
  3. En culturas diferentes hay sistemas no verbales diferentes. Para los psicoanalistas, la postura de un paciente muchas veces constituye una clave de primer orden sobre la naturaleza de sus problemas. La postura es la clave no verbal más fácil de descubrir, aunque los psicólogos a menudo han de aprender a interpretarla.

Las personas tienden a imitar las actitudes corporales de los demás, incluso dos personas que comparten el mismo punto de vista, suelen compartir también una misma postura. La importancia de la imitación puede llegar a ser una de las lecciones más significativas que podemos aprender, pues es la forma en que los demás nos expresan que coinciden con nosotros, que nos agradecen algo, o que por el contrario rechazan nuestro punto de vista, o a nosotros como personas.

Ejemplos prácticos

  • Si una persona con un cargo superior desea establecer rápidamente una buena relación y crear un ambiente tranquilo con un empleado de rango inferior sólo debe copiar la postura de éste para lograr sus objetivos, eso sí, si el jefe es suficientemente hábil.
  • En una conversación entre dos o más miembros, cuando una persona, que se encuentra sentada, se inclina levemente hacia delante, pero relajado y con la espalda encorvada levemente, probablemente simpatiza con la persona que está con él. Si por el contrario, se retira y se echa hacia atrás del asiento, puede significar rechazo y desagrado.
  • La forma de caminar, y en general los movimientos corporales también son interpretables. La persona que camina taconeando con fuerza, indicará que es un individuo decidido y que además quiere llamar la atención de los demás. Si camina rápido, podría interpretarse como que es impaciente o agresivo, aunque si es lentamente pero con cierto impulso puede hacer pensar que es una persona paciente y perseverante.Si se trata de una persona que pisa con mucho cuidado, como si no quisiera pisar realmente, nos dará la idea de que se trata de una persona insegura de sí misma.

 

Por tanto, como se puede observar, casi todos los gestos que realizamos pueden ser interpretados, eso sí con mucho cuidado, y no todo el mundo puede ni sabe hacerlo. No debemos caer en el error de querer interpretar los gestos de forma aislada y de las circunstancias en donde se manifiestan. Por ejemplo, rascarse la cabeza puede significar muchas cosas, como: sudor, inseguridad, olvido o mentira, en función de los demás gestos que se hagan simultáneamente y el momento en que se hacen. Para llegar a conclusiones acertadas hemos de ser cautelosas y deberemos observar los gestos en su conjunto.

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