17 de Marzo de 2016

El síndrome de Burnout: ¿estás quemada en tu trabajo?

Dolores de cabeza constantes, fatiga crónica, agotamiento físico y emocional, desmotivación… Éstos son algunos de los síntomas que puede conllevar el síndrome del profesional quemado. Si te reconoces en alguno de ellos puede que estés inmersa en un proceso denominado Síndrome del quemado o síndrome de Burn Out.

Fue Herbert Freudenberger en 1974 quien por primera vez asignó un nombre específico a una serie de síntomas que venían dándose en muchos de sus colegas de profesión. Freudenberger, psicólogo clínico, trabajaba en un hospital para toxicómanos en Nueva York cuando se percató de que muchos de sus compañeros, con años de profesión a sus espaldas, mostraban signos de desgaste profesional: despego de sus pacientes y sus necesidades, miedos y problemas, distanciamiento de su trabajo, etc. Eran profesionales “quemados” por el día a día de su profesión.

El síndrome del burnout, como lo calificó Freudenberger, afecta sobre todo a profesionales que entran en contacto frecuente con el público y que se han de implicar emocionalmente: enfermeras, profesores, etc. Pero se extiende a casi cualquier profesión porque son otros muchos factores los que pueden entrar en juego.

 

Comportamiento de un profesional quemado

Una de las causas más importantes del síndrome del burnout es la falta de satisfacción laboral en el sentido de tener un trabajo que te motive y con el que te sientas realizada. El ciclo empieza con un profesional ilusionado y altamente motivado por su trabajo, dedicado al puesto, con unas expectativas que lo alientan e impulsan su trabajo. Sin embargo,ante una situación de choque contra una realidad distinta a la esperada, una persona puede llegar a sentirse desilusionada, empezando una segunda etapa de frustración y desánimo.

Llegada esta etapa, el proceso se vuelve todavía más desalentador: la persona pierde el interés por lo que hace, desarrollando actitudes negativas que pueden acabar por afectar a los compañeros, ya que su trato con ellos, con superiores, etc, se vuelve conflictivo. Se produce una sensación de despego de los demás.

El final de esta etapa de desánimo es la rendición: el afectado piensa que no puede hacer nada por cambiar una situación determinada y ante esta situación la reacción más frecuente es la adopción de actitudes cínicas, despreocupadas, indolentes, que afectan directamente su trabajo y su entorno.

En un nivel más avanzado, baja la autoestima y puede llevar al afectado a buscar remedio en estimulantes como el alcohol, drogas, etc.

 

¿Qué puede llevar a esta situación?

  • Un trabajo donde hayas puesto unas altas expectativas que con el tiempo se hayan visto desbancadas por una realidad distinta, decepcionante.
  • La falta de reconocimiento de tus superiores ante un trabajo realizado de forma correcta y con éxito en sus resultados.
  • El desconocimiento de los objetivos de tus tareas, lo que se espera de ti en un determinado puesto o ante determinadas situaciones.
  • Falta de motivación en tu trabajo: por ejemplo tener un salario bajo o carecer de incentivos para seguir esforzándote al máximo día a día.
  • Tener una carga excesiva de tareas, tener la sensación de que no llegas a todo y sentirte angustiada por ello.

 

Más allá del estrés

Es un paso más allá del estrés laboral, ya que el profesional no se recupera con descanso o desconectando momentáneamente de la relación laboral. La solución pasa por:

  • Cambiar las premisas que ocasionan el problema.
  • Analizar las situaciones que nos han llevado a padecer esas sensaciones de impotencia, de rechazo y frustración.
  • Intentar cambiarlas en la medida de lo posible.

Unos ejemplos:

  • Si es un problema de exceso de trabajo, organízate eficazmente y aprende a delegar.
  • Si te consideras poco reconocida, plantéalo, pero siempre sobre la base sólida de tus tareas y la consecución de los objetivos que tenías marcados. Demuestra tu valía con pruebas fehacientes que no dejen lugar a discusión. Lo mismo ocurre en el caso de un sueldo no acorde con tus habilidades y tareas.
  • Si te falta motivación, sé creativa, comunícate y plantéalo. Aceptarlo es un error.
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