24 de Septiembre de 2015

Jefes autoritarios vs. Jefes democráticos: dos estilos opuestos

El estilo de mando de un directivo influye en la carrera profesional de la secretaria y por supuesto en el día a día de la empresa. Y no sólo desde el punto de vista de los empleados, sino también en la competitividad empresarial en el mercado.

Todas las empresas están en continua transformación, los jefes/as hacen y deshacen, imponen y delegan, controlan o no toman decisiones, llegan, se van, son ascendidos, dimiten, se jubilan, cambian de empresa… y no siempre se llevan consigo a su secretaria.

Aunque todas estas situaciones quedan totalmente fuera del control de la secretaria, vamos a dar unos consejos para facilitar la convivencia y el buen entendimiento con los distintos estilos de dirección que se pueden dar en las relaciones empresariales.

Los dos estilos más opuestos son el jefe/a autoritario/a y el jefe/a democrático/a.

EL JEFE/A AUTORITARIO:

  • Toma todas las decisiones con absoluta individualidad
  • No acepta los trabajos mediocres ni tampoco elogia los brillantes
  • Da por supuesto que no es necesario premiar ninguna tarea bien hecha, porque considera que es la obligación de sus subordinados.

EL JEFE/A DEMOCRÁTICO:

  • Su forma de gestionar da por supuesto que si a los empleados se les da la oportunidad de hacer las cosas bien, las harán bien.
  • Acepta las limitaciones de los demás
  • Cubre agujeros de sus empleados
  • Persigue siempre un final feliz.

Ahora bien, la pregunta del millón es: ¿cuál de los dos estilos es mejor de cara al buen funcionamiento de la empresa y a la motivación de los empleados?

Existen distintas corrientes al respecto, algunos de los más influyentes teóricos sobre la gestión empresarial reivindican el autoritarismo como el mejor método de dirección, ya que frente al mito de que la dirección participativa es más eficiente, se contrapone el hecho de que muchas de las pequeñas y medianas empresas cuentan entre sus directivos/as con personas que ejercen un férreo control y una auténtica unidad de mando.

Por otro lado algunos expertos en management consideran que el autoritarismo es poco menos que un disparate, porque creen que cualquier iniciativa llevada a cabo por un empleado debe ser premiada por la simple razón de haber tomado una decisión y ejecutarla, incluso cuando el resultado no haya sido positivo.

Lo ideal es encontrar un equilibrio en el sistema participativo dentro de la organización empresarial. Los excesos son malos porque un estilo laboral muy autoritario o muy democrático conducen a lo mismo si se llevan a sus extremos: el deterioro de la compañía.

El jefe/a autoritario puro en muchas ocasiones realiza él/ella mismo/a parte de las tareas que, en teoría, deberían realizar las personas que se encuentran bajo su dirección. Esto responde a una obsesión por el control.

En no pocas ocasiones el jefe/a autoritario se ve obligado a tener “personas de confianza”, como la secretaria de dirección, pero el resultado, a veces, provoca que esas personas no gocen de la confianza de los demás compañeros, con lo cual en lugar de resolverse los problemas, éstos se agravan.

Frecuentemente, la secretaria de dirección se convierte en el puente entre la dirección y el resto del equipo. Debido a esta situación, hace falta ser lo suficientemente firme en lo que respecta a la toma de decisiones y flexible en lo que se refiere a la relación con el resto de colegas.

En realidad, lo peor que puede suceder es que el jefe/a no sea coherente, en el sentido que un jefe/a excesivamente autoritario no tome decisiones ni oriente el trabajo, con lo cual se paralizan los procesos.

También tiene un efecto negativo el jefe/a aparentemente democrático que no tiene valor para rechazar ni para aceptar sugerencias, con lo cual confunde a los empleados. Ambas actitudes se traducen en desorientación, desmotivación, menos producción y menos beneficios.

La conclusión resulta ser que el directivo ideal es simplemente un mito, no sólo porque no exista, sino porque cada modelo de organización empresarial requiere uno y otro estilo de mando. Lo que sí está claro es que el directivo debe ser un buen comunicador y tener una clara visión estratégica.

Quienes toman las decisiones en las empresas han de estar abiertos y atentos a los cambios, así como comunicarlos de forma muy clara y concisa a sus equipos de trabajo.

 

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