5 de Mayo de 2017

Lo que le dirías a tu jefe

¿Has pensado alguna vez qué le dirías a tu jefe en el momento en que dejara de ser tu jefe/a? ¿Has disfrutado de la oportunidad de decirle lo que sentías en cada momento o te sientes frustrada por todas esas palabras que te hubiera gustado decirle y no te has atrevido?
¿Con qué sensación te has quedado después de una bronca injusta y pública, por parte de tu jefe/a?

Para una secretaria estas pueden ser realidades bastante cotidianas, porque con la creencia de que “si no digo lo que siento mantendré mi puesto de trabajo, o no debo molestar al jefe con mi forma de tomarme las cosas”, etc., nos cuesta atrevemos a cruzar la sutil línea del miedo.

Son tantas las cosas que una secretaria podría decirle a su jefe/a: me refiero a situaciones donde somos víctimas de descalificaciones, tonos fuera de lugar, su falta de rigor o su impuntualidad, cambios de prioridades que tiran al traste tu trabajo de una semana, etc.

¿Te has planteado alguna vez el porqué no nos atrevemos a decir esas palabras, a dar a conocer cómo nos sentimos después de estas situaciones injustas?

En la secretaria se mezclan dos creencias bastante comunes, el miedo a represalias o al “no hay nada que hacer, es así”, y la falsa creencia de que asumir estas situaciones forma parte del rol de secretaria. Esto no es así.

Los sucesivos e incesantes cambios en el rol de la secretaria, las continuas adaptaciones a nuevos métodos de trabajo y la asunción de nuevas responsabilidades, también llevan consigo cambios en la relación con sus jefes/as, es ya muy frecuente el uso de la palabra “assistant”, en lugar del de secretaria, un asistente debe saber que en relación a su jefe trabaja en una relación de igualdad , desde la comprensión de este fenómeno, hemos de atrevernos a cruzar el umbral de las falsas creencias y del miedo, ser asertiva y decir a tu jefe/a que no te has sentido tratada de una forma justa delante de sus colegas, es un derecho en las relaciones entre seres humanos.

A favor de los jefes hay que decir que ellos también tienen otros jefes, que a su vez dependen de la toma de decisiones de otros jefes, y así hasta los picos más altos de toda gran organización, y tanto ellos como nosotras estamos deseosos de tener el coraje y la oportunidad de hacerles saber que queremos ser buenos profesionales, que somos los más eficaces en nuestros trabajos y que tomamos las decisiones que nos parecen más oportunas dentro de las circunstancias en las que nos encontramos. ¿Cuántas veces nos gustaría decirles que, por favor, no nos levanten la voz, que no nos hagan responsables de sus decisiones inseguras, ni que nos descalifiquen?

Ser jefe/a no es una tarea nada fácil, hay que estar muy atento a conjugar dos variables muy importantes, por un lado alcanzar los objetivos de producción y por otro mantener unas relaciones humanas sanas con las personas en las cuales se delegan responsabilidades. Sólo basta empezar por ganar autoridad sin ser autoritario, con mostrar tolerancia, respeto y empatía con las personas del equipo, y tener conciencia de que la vida es algo más que una pantalla del ordenador.

Existe una fórmula para poder expresar lo que sentimos sin ser juzgados, consiste en:

1º Exponer la situación real, por ejemplo “cuando me grita delante de…”,

2º seguido de la emoción que sientes o sentiste en ese momento, “yo me siento humillada…”,

3º y finalmente añadir cómo te gustaría que fuera la relación a partir de aquí, “… me gusta que me diga lo que tengo que hacer mejor sin gritarme y descalificarme”.

Con esta fórmula, en la que no entras a juzgar su manera de hacer, sino en cómo tú recibes esta manera de hacer, nadie puede desvalorar tus sentimientos y nadie puede enfadarse porque tú sientas lo que sientes.
Atrévete a atravesar la línea y verás que aumentará tu motivación y comunicación con tu jefe.

Isabel Montero
Experta en comunicación y relaciones interpersonales

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