20 de Enero de 2019

Ser una persona motivada: un valor en alza

En nuestra vida, trabajo, estudios, hay elementos que nos mueven, que nos ponen en marcha, que nos encienden la chispa para funcionar. Son las motivaciones, que son diferentes en cada sujeto. Pero que en todos pretenden cubrir nuestras necesidades o lograr nuestros deseos.

Estas necesidades o deseos deben ser viables y compatibles con nuestras aptitudes y entorno, pues de otra manera, serían inalcanzables y nos crearían frustración y ansiedad.

La otra vertiente de la motivación es no tener deseos, expectativas, proyectos de futuro que nos llevaría al aburrimiento, monotonía e incluso depresión.

Hay distintos tipos de motivación y cada uno de ellos nos puede llevar a hacer las cosas:

Motivación intrínseca

Es aquélla que mueve al individuo por sí mismo, sin necesidad de activación externa. Es propia de cada individuo y depende de su personalidad, experiencias y necesidades que desea cubrir. Las actividades que activa esta motivación interna son de tres tipos:

  • Complejidad, novedad y sorpresa, es decir, las actividades que despiertan la curiosidad del individuo, las que rompen la monotonía o hacen que el sujeto se interese por ellas.
  • El reto óptimo: consiste en lograr el equilibrio entre la ansiedad (producida por la frustración de no conseguir unos objetivos, que desde un principio eran inalcanzables) y el aburrimiento (que puede surgir, ante la falta de proyectos novedosos, ausencia de perspectivas futuras, etc.).
  • Competición: en ocasiones hace que los individuos se muevan para demostrarse a sí mismos, o a los demás, sus capacidades.

Las características de este tipo de personas son la curiosidad, que indagan de manera espontánea, cuestionan las cosas y no tienen miedo a nuevas experiencias y toman la iniciativa ante las situaciones que les presentan.

Motivación extrínseca

Consiste en proporcionar desde fuera estímulos para que el individuo se mueva, se active y haga algo que no haría por sí mismo. Existen algunas estrategias para conseguirlo:

  • Victoria inicial: consiste en dar al individuo tareas fáciles pero presentadas con aspecto dificultoso, de este modo la persona responderá correctamente y ganará confianza y participará cada vez más en procesos más complejos.
  • Participación del individuo: la persona a motivar debe dejar de ser mero espectador y pasar a ser partícipe en la actividad de la empresa por ejemplo mediante círculos de calidad, encuestas, buzones de sugerencias de los empleados.
  • Autosuperación: consiste en proporcionar regalos, incentivos a las mejores ideas sobre un tema.
  • Sistema de elogios y recriminaciones: usados con prudencia y moderación, los primeros producen mejores resultados en los individuos más pasivos, siempre que no sean exagerados pues sino producirían desconfianza. Las recriminaciones son más eficaces en los individuos con más capacidad y deseo de superación.
  • Compañerismo: el trabajo en equipo es otra fuente de motivación siempre que ello se complemente con un equitativo reparto de tareas y responsabilidades así como un adecuado reconocimiento de los méritos de cada individuo.

Y ahora que ya las conoces ¿Cuál es tu tipo de motivación? ¿Cuál crees que es mejor valorada por las empresas?

 

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