6 de Octubre de 2017

Técnicas de autocontrol

A veces las situaciones nos superan. En determinadas circunstancias es fácil perder la calma y entrar en una dinámica de tensión que luego nos pasa factura. Las emocoines son una respuesta biológica y estamos programados para sentilas: el miedo, los nervios, la ira… forman parte de nuestra forma de ser, pero ¿podemos controlarlos?   La gestión de conflictos es una de las habilidades que nos puede resultar más útiles en nuestro trabajo, pero también en nuestra vida personal, y vale la pena reflexionar sobre ello. ¿Qué podemos hacer al respecto?

Párate y piensa

Cuando una persona quiere cambiar una tendencia o una situación lo primero que suele recomendarse es el análisis de la misma. ¿Qué produce que yo reaccione así? ¿Qué situaciones o acciones provocan en mi una reacción no adecuada? ¿Hay algún estímulo en particular que sea más efectivo que otros para llevarme a una situación indeseada? Éstas y otras preguntas son necesarias para hacer una radiografía de lo que nos ocurre y sobre todo, de lo que parece motivarlo. Recuerda que muchas situaciones de conflicto son repetitivas, por lo que reflexionar sobre los motivos y tratar de concentrarte en ellos te ayudará a manejarlas mejor.

Marcarse metas concretas

Una vez hemos analizado las situaciones, podemos a continuación fijar las metas que queremos conseguir respecto de ellas. Por ejemplo: si ante una situación de tensión has descubierto que te pones a la defensiva y alzas la voz, tu meta debería concentrarse en intentar controlar el tono y tener una actitud abierta. A continuación piensa en los comportamientos que pueden ayudarte a conseguirlas: respirar, hacer una pausa antes de contestar, posponer la respuesta hasta un momento de mayor calma…

Pensar en positivo

Controlar una emoción negativa cuando está en pleno apogeo es muy complicado, pero podemos entrenarnos en tener pensamientos positivos en lugar de dejarnos vencer por pensamientos negativos. No es lo mismo pensar “No voy a poder enfrentarme a esta situación” que pensar “Es una situación complicada, pero tengo tiempo para preparar mi respuesta” o “voy a intentar encontrarle la salida menos comprometida” para la empresa, para mi, etc.

Posponer la situación de tensión

Si ves que en un momento dado no vas a poder controlar la situación que se está creando, una postura inteligente puede ser posponer la decisión o la conversación hasta más adelante, dando la oportunidad de que todos los actores de esta situación se calmen y pueda relativizar las cosas. No se trata de posponerla indefinidamente huyendo de ella, sino de retrasarla para cuando puedas manejarla sin visceralidad y habiendo reflexionado.

Aplicar la inteligencia emocional

A más largo plazo y no en la propia situación, puedes mejorar tu inteligencia emocional, Es decir, no actuar sobre los síntomas, las emociones desatadas en una situación concreta, sino sobre las causas, lo que te provoca reaccionar de esta manera. Identificar esas causas y reflexionar sobre ellas como decíamos en el punto 1. Has de ser sincero contigo mismo a la hora de analizar la situación y la emoción que provoca. De nada sirve que intentes autoengañarte.

 Evitar la situación

Hay situaciones que no podemos cambiar y que realmente no dependen de nosotros. Cuando estás ante una discusión que no conducen a nada quizás lo más inteligente es no invertir tiempo y energía en intentar cambiarla, y centrarte en aquellos aspectos que sí te pueden aportar una mejora.

Estas son algunas reflexiones para ayudarte a mantener el control en situaciones complicadas. ¿Qué otras practicas tú? Opina y comparte tus opiniones con tus compañeras para ayudarnos entre tod@s.

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